En Castilla La Mancha Activa ponemos el foco en la igualdad de género como eje transversal para avanzar en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
En septiembre de 2015, Naciones Unidas aprobaba la Agenda 2030 con un propósito compartido: avanzar hacia un modelo de desarrollo capaz de erradicar la pobreza, proteger el planeta y garantizar una vida digna para todas las personas. Once años después, la cuenta atrás continúa y el balance evidencia una realidad clara: España ha logrado avances en diferentes ámbitos, pero todavía existen importantes desigualdades y retos que requieren acelerar la acción pública y social.
Esta ha sido una de las principales conclusiones del proyecto ‘Objetivos de Desarrollo Sostenible y Agenda 2030’, impulsado por Castilla La Mancha Activa con el apoyo y la financiación de la Dirección General de Economía Circular y Agenda 2030 de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Una iniciativa que durante estos meses ha permitido acercar los ODS a la ciudadanía y reflexionar sobre cómo los grandes desafíos de la Agenda 2030 se relacionan directamente con nuestra vida cotidiana y, especialmente, con la realidad de las personas que se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad.
Hablar de desarrollo sostenible no significa únicamente hablar de medio ambiente, significa hablar de personas, de derechos, de oportunidades y de igualdad. La pobreza, el acceso a la educación, el empleo digno, el consumo responsable, la protección del planeta o la lucha contra el cambio climático forman parte de un mismo desafío: construir una sociedad en la que el progreso llegue a todas las personas y en la que nadie quede atrás.
Y precisamente ahí adquiere una especial importancia el ODS 5, dedicado a la igualdad de género.
La igualdad de género no puede ser un objetivo aislado
A lo largo de este recorrido, en Castilla La Mancha Activa hemos querido poner de manifiesto que los Objetivos de Desarrollo Sostenible no funcionan como compartimentos independientes. Lo que sucede en uno de ellos tiene consecuencias directas sobre los demás. Y pocos ejemplos reflejan esta interconexión de una manera tan clara como la igualdad entre mujeres y hombres.
La brecha salarial es una muestra evidente. Aunque en España se ha producido una evolución positiva y la diferencia salarial se ha reducido, las desigualdades continúan teniendo consecuencias que van mucho más allá de la nómina: menores ingresos acumulados a lo largo de la vida, pensiones más bajas y un mayor riesgo de pobreza. De esta manera, el ODS 5 se conecta directamente con el ODS 8, Trabajo decente y crecimiento económico; el ODS 10, Reducción de las desigualdades; y el ODS 1, Fin de la pobreza.
La conclusión es clara: la igualdad de género no puede abordarse únicamente cuando hablamos de mujeres o de políticas de igualdad. Debe incorporarse al conjunto de las decisiones que afectan a nuestra sociedad.
Educación, empleo, pobreza, salud, tecnología, participación social, protección del medio ambiente o acceso a los recursos deben analizarse también desde una perspectiva de género. El propio material trabajado durante estos meses muestra cómo las desigualdades educativas pueden limitar las oportunidades futuras, cómo la falta de autonomía económica incrementa la vulnerabilidad y cómo las barreras de género terminan afectando al desarrollo de comunidades enteras.
Avanzar en igualdad no beneficia únicamente a las mujeres: permite avanzar al conjunto de la sociedad.
Sostenibilidad también significa cuidar de las personas
Esta misma mirada permite entender que la sostenibilidad tampoco puede reducirse a una cuestión ambiental.
Nuestros hábitos de consumo, por ejemplo, tienen consecuencias sobre los recursos naturales, la generación de residuos y el futuro del planeta. El desperdicio alimentario, el consumo excesivo o el modelo de producción actual evidencian la necesidad de avanzar hacia formas de consumo más responsables y hacia una economía circular basada en la reutilización, la reparación y el aprovechamiento de los recursos.
Pero también el cambio climático demuestra que la sostenibilidad y la inclusión van necesariamente de la mano. Las olas de calor, las sequías, los incendios o la pérdida de biodiversidad no afectan de la misma manera a toda la población. Las personas con discapacidad, las personas mayores, quienes se encuentran en situación de pobreza o quienes viven en entornos rurales pueden experimentar con mayor intensidad las consecuencias de los fenómenos climáticos extremos.
Por eso, proteger el planeta implica también garantizar que las respuestas frente a la emergencia climática sean accesibles, inclusivas y justas.
Una Agenda 2030 que necesita pasar de los compromisos a la acción
El recorrido que hemos realizado en Castilla La Mancha Activa permite extraer una conclusión que atraviesa todos los objetivos: España ha avanzado, pero todavía queda mucho camino por recorrer.
La Agenda 2030 establece 17 objetivos y 169 metas que requieren de una actuación conjunta. No basta con que existan compromisos institucionales si las desigualdades estructurales continúan presentes en la vida cotidiana. Tampoco es suficiente con alcanzar determinados indicadores si una parte de la población sigue encontrando barreras para acceder a la educación, al empleo, a la participación social, a un entorno accesible o a una vida independiente.
La verdadera sostenibilidad pasa, por tanto, por poner a las personas en el centro y entender que la inclusión, la accesibilidad y la igualdad son condiciones necesarias para que el desarrollo pueda considerarse realmente sostenible.
El reto es colectivo
Desde Castilla La Mancha Activa consideramos que la Agenda 2030 no puede quedarse en una declaración de intenciones ni en una serie de objetivos que únicamente se consultan sobre el papel. Debe convertirse en una hoja de ruta capaz de transformar nuestra realidad.
El camino hacia 2030 continúa y los desafíos son numerosos. Cumplir la Agenda 2030 no consiste únicamente en proteger el planeta o impulsar el crecimiento económico. Consiste en garantizar derechos, reducir desigualdades y asegurar que ninguna persona quede atrás. Y para conseguirlo, la igualdad de género no puede estar al margen: debe estar presente en cada uno de los pasos que demos.
La sostenibilidad tiene que ser ambiental, económica y, sobre todo, social. Y solo será verdaderamente sostenible si es también igualitaria e inclusiva.


