Una historia de valentía, amor y esperanza que merece ser escuchada.
Ante un futuro incierto en lo laboral, con solo 47 años, Rosana decidió dejar Bogotá para llegar a España. Lo hizo con una idea muy clara: dejó el corazón en casa y se aventuró en este nuevo viaje con dolor y tristeza pero con mucha fuerza, nadie le diría de lo que es capaz un alma que solo busca lo mejor para su hija. No dejó su país, su casa y su familia con el corazón lleno de dudas, sino con un corazón cargado de esperanza, de ilusión y con algo de incertidumbre.
Dejó el corazón en casa, en Bogotá, de otro modo, no hubiera sido capaz de despedirse de su hija en el aeropuerto. Una hija que mañana, sábado, cumple 18 años, y porque las circunstancias no lo permiten, Rosana no podrá estar presente pero la acompañará a lo largo del día con ese corazón tan grande que tiene, con ese corazón que sabe que esto lo hace por ella, para que un día de estos, se convierta en la gran arquitecta que sueña, para que su hija coja las riendas de su vida y transforme esa frase tan manida y que tantas veces escuchó Rosana en sus numerosas entrevistas de trabajo: ‘No nos llames, nosotros te llamamos’.
El edadismo en Colombia llega antes de lo que podemos pensar y predecir.
Esta es una historia de empoderamiento, integración y felicidad. Por qué no, la vida es para vivirla aunque las circunstancias y la situación nos abrumen y no sea lo que hubiéramos deseado.
Esta fuerza de la naturaleza, Administradora de Empresas en su país y que llegó a dirigir a más de 100 empleados, trabaja ahora en la cocina de un restaurante, una experiencia más que sumar a una mochila cargada de ilusión.


